martes, 24 de junio de 2008

LA JUVENTUD VENEZOLANA: INSERCION E INCERTIDUMBRE




.........Antes de emprender el tratamiento específico de la problemática juvenil venezolana, con base en los hallazgos de la Encuesta Nacional de la Juventud Venezolana. ENJUVE, resulta oportuno destacar que los jóvenes constituyen un sector de la sociedad, cuya circunstancia se encuentra doblemente contrariada.
La primera línea de dificultades está representada por las serias adversidades a las que están sometidas, objetivamente, sus actuales condiciones de vida, las cuales reclaman de manera perentoria esfuerzos inaplazables de superación.
La segunda, aparentemente de menor cuantía en su ponderación, representa un obstáculo de difícil vencimiento, puesto que está referida a las imágenes y percepciones que la sociedad elabora sobre la condición juvenil.
Esta doble y comprometida circunstancia se traduce en que, de un lado, los problemas reales de los jóvenes se encuentran generalmente ignorados, mientras que, por el otro, las imágenes sobre ellos resultan frecuentemente falsas e ilusorias. Basta con examinar las representaciones que sobre la juventud elaboran los adultos -que ya la han vivido-, para captar con toda claridad la ostensible disparidad a la que su imagen está expuesta en el mundo de las representaciones de los distintos grupos que conforman la sociedad adulta.
Del mismo modo, la diversidad existente sobre la noción de juventud se verifica en las distintas ópticas con las que puede ser apreciada por organismos y sectores como la educación, la iglesia, la policía, el empresariado, la dirigencia política y los medios de comunicación, por sólo mencionar algunas de las instituciones fundamentales en la sociedad actual. Si tal indagación sobre el significado de la juventud se efectúa en el mundo intelectual y científico, se puede comprobar que las definiciones recorren una riquísima polisemia.
La variedad de significados se extiende desde las distintas proposiciones formuladas en el campo de la Psicología -cuyo examen ofrece un sugerente elenco conceptual donde concurren posturas con énfasis psicoanalítico, conductista, humanista y otros- hasta las derivadas de las concepciones de la biología y de la medicina; ello, por supuesto, sin entrar en la consideración de las opiniones y juicios de factura jurídico-normativa, propias del ámbito del derecho.
De tal suerte que, de este rápido recorrido por la variedad de significados generados en torno a la juventud, se desprende la inmensa dificultad que implica avanzar hacia la construcción de un concepto único de la misma.
En este informe se trata de ofrecer, más bien, una visión sobre la juventud venezolana en el marco de algunas referencias fundamentales que aseguren el tratamiento de su situación actual y de sus problemas más acuciantes. En tal sentido, sería útil que, en el curso de lo que sigue, pudieran situarse y mantenerse de modo más o menos permanente, las siguientes ideas:
1.-El carácter transitorio y multidimensional de la condición juvenil dentro del proceso general de la vida social.
2.-Las notables diferencias que existen entre las imágenes y representaciones que la sociedad ha construido sobre la juventud y sus reales circunstancias de vida.
3.-La crítica especificidad de la problemática de los jóvenes para asegurar su integración a la sociedad.
4.-La creciente propensión de los jóvenes a la vulnerabilidad, económica y social como consecuencia del impacto de la crisis y del esquema de ajuste.-
A diferencia de las generaciones juveniles de la década de los '60, de los '70 y aun de comienzos de los '80, las cuales avanzaron y lograron, con relativa certidumbre, su inserción social, la vida de los jóvenes venezolanos de los últimos diez años, ha venido siendo agredida por un vertiginoso deterioro y por un drástico cierre de oportunidades. Las evidencias revelan que la actual generación juvenil se ha convertido en uno de los grupos de población que refleja y sufre las más dramáticas expresiones de la crisis.
De modo que, actualmente, la juventud entendida como sujeto de derecho, ha quedado restringida para ser disfrutada por una exigua minoría, mientras que para la creciente mayoría de los jóvenes del país, el período juvenil se manifiesta como un estado lleno de malestares, acompañado de una profunda sensación de incertidumbre sobre su propio futuro.
El llamado período modernizador, que operó en Venezuela a partir de los años '60, constituye un parámetro imprescindible para la comprensión del proceso juvenil en el país. La fase modernizadora, en los hechos, se articuló, de modo general, a partir de seis grandes fuerzas transformadoras:
1. El proceso de industrialización
2. La intensificación del proceso de urbanización
3. La expansión de la matrícula educativa
4. La tendencia relativa a la estabilización política y a la apertura democrática
5. La expansión de los Medios de Comunicación.
6. El incremento de los circuitos de consumo y producción cultural.
Fue este el marco en el cual tuvieron lugar acelerados cambios en las dinámicas de la población venezolana e importantes transformaciones sociales y económicas, entre las que se cuentan la expansión del mercado laboral, la elevada concentración urbana de la población, la expansión y difusión de la cultura de masas y, en particular, el amplio e intensivo desempeño económico del Estado. En la situación de las generaciones juveniles de entonces se reflejaban, consecuentemente, las modificaciones que estaban operando en la estructura social en su conjunto. Pudo así, conformarse la imagen de una juventud que, aún cuando expresaba las seculares desigualdades comunes a toda sociedad marcada por una sensible inequidad en la distribución de los recursos, no mostraba, sin embargo, notables diferencias en lo concerniente a aspectos considerados nítidamente juveniles. Entre estos aspectos donde los jóvenes exhibían semejanzas de comportamiento se encuentran sus claves de orientación social, las imágenes sobre el futuro, la calidad de la cultura política, las posibilidades de acceso y prosecución en el mundo de la educación, el protagonismo cultural, las pautas valorativas en la constitución de familia y/o pareja, los hábitos sociales y las formas de esparcimiento, entre otros. Por tal razón, la visión sobre la vivencia de la juventud, en aquel período, permitía captarle como una categoría social enmarcada dentro de un proceso de homogeneización. Ahora bien, los mecanismos y procedimientos a través de los cuales aquellos grupos juveniles aseguraban su integración social, comenzaron a detenerse y, en la mayoría de los casos, a revertirse, especialmente durante durante la década de los '80. Pero este proceso no ocurre tan sólo por el efecto inmediato e instantáneo de la crisis, la cual por su intensidad, extensión y persistencia deterioró tremendamente a la población en su conjunto, sino que, como consecuencia del esquema de decisiones económicas y políticas adoptado para enfrentarla e intentar revertirla -esto es, el programa de ajustes-, la población juvenil pasó a ser un grupo postergado en la escala de prioridades concebida al respecto. De lo que se desprende, que estaba comenzando a operar intensivamente el dramático mecanismo de la exclusión social de los jóvenes.
Aún cuando el término heterogeneización juvenil puede, en principio, asociarse a la diferenciación en el estilo de vida, como consecuencia de la libre adopción de pautas particulares de conducta, el problema de la diversidad al interior de la actual juventud venezolana obedece, por el contrario, al encarecimiento forzoso de sus medios y recursos. Es así como, los diferentes subgrupos juveniles surgidos de este crítico proceso, presentan grandes diferencias, que se extienden desde sus esquemas de inserción social y de sus esfuerzos de adaptación a los cambios, hasta el modo de perfilar y presentar sus demandas y requerimientos. En efecto, resulta cada vez más difícil incluir, dentro de la misma categoría juvenil, al joven trabajador del campo, con el joven ocupado en el sector informal urbano, o a la mujer joven recluida en su hogar -desempeñándose como cuidadora de parientes, ancianos o niños y excluida de la Educación y el Trabajo- con la mujer joven universitaria, por citar algunos ejemplos. Al lado de la alarmante expansión de la pobreza en la juventud y de su negativo impacto en aspectos tan decisivos como aquellos referidos a las necesidades básicas -vivienda, servicios, salud, alimentación, etc.-, en la actualidad se puede apreciar la rápida y extendida aparición de la conflictividad en su vida cotidiana. Esta se expresa en graves y negativos fenómenos como la violencia que, con frecuencia, llega a alcanzar niveles de auténtico exterminio y de crueldad sin precedentes. De igual manera es posible detectar la conflictividad silenciosamente oculta tras el narcicismo extendido en algunos de los grupos juveniles urbanos y en la proliferación de conductas consumistas que, cooptadas comercialmente por los medios y por el "mercado de imágenes", opera en nuestros jóvenes como una auténtica psicosis de consumo. Asimismo, puede citarse la delincuencia, como una de las más peligrosas patologías sociales y a la que tan vulnerables resultan los jóvenes y, en general, diversas manifestaciones de anomia juvenil que llegan, incluso, a estar asociados al incremento de la propensión al suicidio.
Además del proceso de deterioro general de la Familia y de la disolución de las parejas adultas, padres o responsables del hogar del joven-, se han venido intensificando, conflictivamente, las distancias intergeneracionales, en especial aquellas provocadas por la restricción de recursos y medios para lograr la autonomización. En este sentido, se revela altamente preocupante la extensión del fenómeno de la prolongación forzosa del ciclo juvenil y de la consecuente persistencia del estado de dependencia de los adultos. Igualmente, se observa un debilitamiento de las pautas formales y/o tradicionales en el establecimiento de pareja, cambios de expectativas y actitudes juveniles en torno a aspectos como la procreación, la paternidad, la nupcialidad, así como tendencias a la flexibilización valorativa y práctica respecto a cuestiones como la sexualidad y la conyugalidad, entre otros. En la esfera Política, un número creciente de nuestros jóvenes experimenta estados genéricos de indiferencia y desencanto, no sólo por las dinámicas organizativas y movilizadoras del sistema político sino, también, por el propio curso de la vida pública, factor determinante para el régimen democrático, para las fuentes de solidaridad y para el sentido ciudadano de la vida colectiva. La autoexclusión política de los jóvenes pudiera constituir uno de los mayores peligros para la estabilidad y legitimidad de la democracia.
A lo anterior habría que agregar los problemas que afectan a los jóvenes en el mundo educativo. En la visión sobre la problemática juvenil en Venezuela, se aprecia que, por encima de los graves y seculares problemas educativos definidos como deserción, repitencia, sobreedad, entre otros, se configura la segmentación educativa. Este negativo proceso se traduce como un fenómeno que profundiza a las desigualdades entre los jóvenes, tanto en lo que respecta a la cantidad de años de escolaridad, como al indeseable diferencial reflejado en la calidad y en los contenidos de la Educación que le ha sido impartida. De igual forma, no deja de ser preocupante la aparición, dentro de un importante número de jóvenes, de imágenes en las cuales la actividad educativa aparece seriamente subestimada y prácticamente eliminada como mecanismo proveedor de recursos para la construcción de un proyecto de vida.
Por su parte, el tema del empleo juvenil resulta de ineludible consideración. La inserción laboral de nuestros jóvenes viene presentándose como un problema de la más alta gravedad y con elevados costos sociales, no sólo por las dificultades en su manejo práctico sino, además, por la notable indiferencia con la que generalmente se le evade. Las cifras de desempleo juvenil en Venezuela están tendiendo a triplicar las cifras de desempleo nacional. Son los jóvenes, también, los que están comenzando a contribuir de modo considerable al crecimiento del sector informal de la economía. Compiten en condiciones de desventaja con los adultos en el mercado laboral. Son los que detentan el mayor nivel de inestabilidad laboral pero, paradójica y lamentablemente, muestran estados de elevada conformidad con aspectos como el ingreso, el horario y otros planos de gran importancia en la elaboración del esquema de demandas y de organización en materia de inserción laboral.


(Prefacio) (Aspectos metodológicos) (Trayectoria técnica) (Objetivos generales y específicos) (Cobertura poblacional y geográfica) (Diseño de la muestra) (Análisis de los resultados) (La juventud venezolana: inserción e incertidumbre) (Aspectos sociodemográficos) (El problema educativo) (Nivel educacional de la juventud) (Matrícula educativa actual de la juventud) (La separación de los estudios: sus causas) (Expectativas y condiciones de asistencia educativa) (El bloqueo laboral) (El desempleo juvenil) (La iniciación laboral) (Los jóvenes trabajadores) (Capacitación para el trabajo) (Los jóvenes sin ocupación: ni estudian ni trabajan) (La desintegración familiar) (Sexualidad, prevención y procreación) (La desmovilización política) (Percepciones de la vida pública) (Asociacionismo juvenil) (La conflictividad y el malestar juvenil) (Salud) (Tedio juvenil y fantasía suicida) (Tiempo libre juvenil) (Contenido del tiempo libre en los jóvenes) (La demanda de actividades en el tiempo libre) (Referencias bibliográficas y documentales

Organización Internacional del Trabajo (OIT)

No hay comentarios: